Buenas tardes, mi nombre
es Emiliano Vidal Tavera, soy estudiante de la escuela preparatoria estatal no.
10 “Rubén H. Rodríguez Moguel”. El día de hoy tengo la fortuna de hablarles
sobre el papel que las escuelas han tomado para fomentar la paz, un tema muy
polémico debido al complicado ritmo de vida que hoy en día estamos viviendo.
Desde su creación hace 98
años, la Secretaría de Educación Pública se ha dado a la tarea, de formar a los
jóvenes encargados de llevar al país en sus manos en las próximas décadas. Jóvenes
que, como tú y como yo, en sus escuelas, de lunes a viernes se encuentran en
las riendas de un camino alejado de la dura realidad que hoy en día se vive
bajo las guerras, conflictos o malentendidos sociales que se hallan a la orden
del día en los periódicos y revistas de nuestras ciudades.
Debido a la gran
importancia que la “paz” ha tenido en el mundo jurídico y social, numerosos
documentos han avalado su relevancia en distintos artículos o tratados, donde
en todos se exhorta que este debe ser un aspecto necesario para la construcción
de una sociedad adecuada y sólida. Como, por ejemplo, tenemos el artículo 4° de
la constitución de los Estados Unidos Mexicanos, en donde nos comentan que
tenemos el derecho a tener una vida digna donde nuestras decisiones y
necesidades sean respetadas en totalidad.
Sin embargo, en esta
ocasión me quiero enfocar en uno en particular, el artículo 3° de la Carta
Magna de nuestro país, donde decreta que todo individuo sin excepción alguna
tiene la oportunidad de recibir una educación laica, gratuita, y sobre todo
digna, donde la ignorancia, fanatismos y prejuicios se han absolutamente
excluidos de su formación y desarrollo humano.
¿Fanatismos, prejuicios?,
¿no es eso aquello que hoy en día está destruyendo nuestra sociedad?, ¿cómo es
posible consolidarnos como un estado donde la paz entre los ciudadanos se
encuentra latente, sí aún en pleno 2019 existen aspectos como la homofobia o el
racismo?
Podemos culparnos o
resignarnos, pero la realidad es que las escuelas a lo largo de los últimos 50
años, han perdido el objetivo principal por el cual durante gran parte del
siglo XIX y siglo XX se peleó con uñas y dientes: una educación digna y capaz
de formarnos como unos ciudadanos promotores de la paz, donde el diálogo, la
tolerancia y el respeto sean el motor que nos mueva e inunde.
Pero tampoco hay que
excusarnos, no toda la culpa es de las escuelas sino también nuestra. Nuestra
por intentar fomentar la paz en nuestras instituciones y hogares cuando ni
siquiera somos capaces de sentirnos bien con nosotros mismos, ignorando la idea
de que para ayudar a otros primero debo amarme, respetarme y conocerme.
Es nuestra culpa por
pensar que la paz es sólo concepto aplicable a los seres humanos, olvidando que
existen otros seres vivos como plantas y animales, capaces de sentir y
transmitir cualquier tipo de sentimiento.
Es culpa mía, por ser
intolerante con mi hermana, mi madre, mi padre, compañeros de clase y maestros.
Tengo responsabilidad por descuidar a mis mascotas o incluso a mí. El mundo no
estará listo para encontrar la paz hasta que en las escuelas se fomente dicho
aspecto como un concepto aplicable a actividades más complejas que pláticas
informativas en nuestras instituciones cada 4 meses o incluso hasta que el
hombre sea capaz de coexistir con la naturaleza de una forma sana y respetuosa,
donde no abusemos de los recursos que esta nos ofrezcan a causa de la
sobrepoblación que nuestra sociedad ha tenido.
Miles de batallas, como
la Revolución francesa, la mexicana o la independencia de la India perdieron su
rumbo, por justificar o creer que el mundo estaba listo para encontrar la
igualdad entre clases sociales.
¿Nos sentimos capaces de
fomentar la paz en nuestra sociedades o escuelas conociendo que en nosotros
alberga tanto desinterés o despreocupación?
8:45 am, el me encontró
debajo de la mesa, yo quería ayudarlo, pero nunca me di cuenta de lo que tenía
ni siquiera la escuela o sus padres fueron capaces, pensar que hace días estaba
tan feliz y sonriente. 8:46 am, escuché el gatillo, sentí como mi respiración
se agotaba, no podía ni siquiera gritar. Siento como mis ojos se cierran, mi
corazón se debilita y mi respiración desaparece.
Muchas gracias.
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