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domingo, 28 de junio de 2020

Discurso conmemorativo en honor a Rubén H. Rodríguez Moguel 2020


Muy buen día tengan todos los presentes Distinguidos invitados, honorables autoridades de la Secretaría de Educación del estado de Yucatán. 
La educación, desde tiempos inmemorables en la historia de nuestro país, ha cumplido la noble función de ser la base para la formación de ciudadanos responsables y activos, que se preocupen por el desarrollo y prosperidad de nuestro México. Durante muchas décadas las escuelas del estado de Yucatán han brindado e impulsado de una forma excepcional a miles de jóvenes que día a día viven bajo el fruto de las ciencias experimentales, sociales, artes y deportes.
Jóvenes, que han decidido utilizar, en su papel de estudiantes y receptores de conocimiento, a las escuelas como guías para lograr sus metas y objetivos. Aquellos templos, se han vuelto cuna del desenvolvimiento para muchos de nosotros y han sido resultado de numerosos esfuerzos del pasado realizados por las grandes figuras y guerreros sociales que han dado su vida y tiempo al impulso de las nuevas mentes que guiarán al estado en las próximas transformaciones.
Hoy, nos acompaña un ejemplo de estos grandes personajes, don Rubén Rodríguez Moguel, y de una forma sincera quiero brindarle un enorme agradecimiento por sus esfuerzos en el campo de la educación y asuntos sociales, por impulsar la construcción de numerosas escuelas e instituciones que han servido para que numerosos niños y adolescentes puedan brillar y desarrollarse de forma libre, segura y digna.
Don Rubén, quiero decirle que gracias a su legado muchos estamos aquí cumpliendo el sueño de nuestros padres que día a día trabajan por darnos lo mejor y haciendo honor a todo el esfuerzo que usted puso en este ámbito tan importante como lo es la educación.
Es por ello que el día de hoy, tenemos el honor de hacerle este homenaje en el mismo lugar que visitó hace un año, lugar que es reconocimiento de su trabajo y que lleva con orgullo su nombre.

Nosotros nos sentimos agradecidos por el momento que estamos viviendo y por lo que las próximas generaciones disfrutarán, porque pasarán años y su persona y nombre serán recordados, pues seguirá impulsando el talento de miles de jóvenes. En nuestros logros y vida digna se verá reflejado su nombre e insignia, sinónimos del trabajo duro y disciplinado.
Por lo anterior, quiero agradecer en nombre de todos mis compañeros de la escuela preparatoria estatal no. 10 “Rubén H. Rodríguez Moguel”, al Gobierno del Estado de Yucatán y a la Secretaría de Educación, así como a las autoridades y directivos de esta escuela, por todas las acciones que realizan para hacer de este recinto, una institución digna de llevar su nombre.
Estoy convencido, que no importa el lugar, la competición, concurso o incluso si somos ex alumnos, siempre llevaremos con orgullo la camiseta de ésta, nuestra amada preparatoria y alzaremos con orgullo la voz: ¡viva las prepas estatales, viva la educación, viva la prepa 10 y viva don Rubén!
Muchas gracias.

Discurso de oratoria, ganador del 2do lugar en el primer certamen de oratoria de preparatorias estatales. 2019.

Lunes 7:00 am, primera clase del día, caras de absoluta desorientación, en nuestros ojos se puede percibir una cotidianidad que nos pesa. Todo ocurre de forma normal, hasta que uno de mis compañeros se levanta, pensé que pediría permiso para ir al baño, pero no fue así. 8:30 am estoy debajo de una mesa, tengo miedo, quiero abrazar a mi madre, como es posible que ni en mi propia escuela esté seguro. 8:45 am él me ha encontrado, me toma del cabello y me dice que me calle, creo que no lo obedecí porque después de eso todo se tornó blanco y silencioso. No encuentro una salida, ¡por favor ayúdenme!
Buenas tardes, mi nombre es Emiliano Vidal Tavera, soy estudiante de la escuela preparatoria estatal no. 10 “Rubén H. Rodríguez Moguel”. El día de hoy tengo la fortuna de hablarles sobre el papel que las escuelas han tomado para fomentar la paz, un tema muy polémico debido al complicado ritmo de vida que hoy en día estamos viviendo.
Desde su creación hace 98 años, la Secretaría de Educación Pública se ha dado a la tarea, de formar a los jóvenes encargados de llevar al país en sus manos en las próximas décadas. Jóvenes que, como tú y como yo, en sus escuelas, de lunes a viernes se encuentran en las riendas de un camino alejado de la dura realidad que hoy en día se vive bajo las guerras, conflictos o malentendidos sociales que se hallan a la orden del día en los periódicos y revistas de nuestras ciudades.
Debido a la gran importancia que la “paz” ha tenido en el mundo jurídico y social, numerosos documentos han avalado su relevancia en distintos artículos o tratados, donde en todos se exhorta que este debe ser un aspecto necesario para la construcción de una sociedad adecuada y sólida. Como, por ejemplo, tenemos el artículo 4° de la constitución de los Estados Unidos Mexicanos, en donde nos comentan que tenemos el derecho a tener una vida digna donde nuestras decisiones y necesidades sean respetadas en totalidad.
Sin embargo, en esta ocasión me quiero enfocar en uno en particular, el artículo 3° de la Carta Magna de nuestro país, donde decreta que todo individuo sin excepción alguna tiene la oportunidad de recibir una educación laica, gratuita, y sobre todo digna, donde la ignorancia, fanatismos y prejuicios se han absolutamente excluidos de su formación y desarrollo humano.
¿Fanatismos, prejuicios?, ¿no es eso aquello que hoy en día está destruyendo nuestra sociedad?, ¿cómo es posible consolidarnos como un estado donde la paz entre los ciudadanos se encuentra latente, sí aún en pleno 2019 existen aspectos como la homofobia o el racismo?
Podemos culparnos o resignarnos, pero la realidad es que las escuelas a lo largo de los últimos 50 años, han perdido el objetivo principal por el cual durante gran parte del siglo XIX y siglo XX se peleó con uñas y dientes: una educación digna y capaz de formarnos como unos ciudadanos promotores de la paz, donde el diálogo, la tolerancia y el respeto sean el motor que nos mueva e inunde.
Pero tampoco hay que excusarnos, no toda la culpa es de las escuelas sino también nuestra. Nuestra por intentar fomentar la paz en nuestras instituciones y hogares cuando ni siquiera somos capaces de sentirnos bien con nosotros mismos, ignorando la idea de que para ayudar a otros primero debo amarme, respetarme y conocerme.
Es nuestra culpa por pensar que la paz es sólo concepto aplicable a los seres humanos, olvidando que existen otros seres vivos como plantas y animales, capaces de sentir y transmitir cualquier tipo de sentimiento.
Es culpa mía, por ser intolerante con mi hermana, mi madre, mi padre, compañeros de clase y maestros. Tengo responsabilidad por descuidar a mis mascotas o incluso a mí. El mundo no estará listo para encontrar la paz hasta que en las escuelas se fomente dicho aspecto como un concepto aplicable a actividades más complejas que pláticas informativas en nuestras instituciones cada 4 meses o incluso hasta que el hombre sea capaz de coexistir con la naturaleza de una forma sana y respetuosa, donde no abusemos de los recursos que esta nos ofrezcan a causa de la sobrepoblación que nuestra sociedad ha tenido.
Miles de batallas, como la Revolución francesa, la mexicana o la independencia de la India perdieron su rumbo, por justificar o creer que el mundo estaba listo para encontrar la igualdad entre clases sociales.
¿Nos sentimos capaces de fomentar la paz en nuestra sociedades o escuelas conociendo que en nosotros alberga tanto desinterés o despreocupación?
8:45 am, el me encontró debajo de la mesa, yo quería ayudarlo, pero nunca me di cuenta de lo que tenía ni siquiera la escuela o sus padres fueron capaces, pensar que hace días estaba tan feliz y sonriente. 8:46 am, escuché el gatillo, sentí como mi respiración se agotaba, no podía ni siquiera gritar. Siento como mis ojos se cierran, mi corazón se debilita y mi respiración desaparece.
Muchas gracias.