“Hijos
de la Malinche” es un capítulo perteneciente al libro “El
laberinto de la soledad” del escritor mexicano Octavio Paz, publicado como
ensayo en 1950 y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990. Durante nueve
capítulos, esta obra nos va a relatando los diversos puntos de vista que el
autor va generando conforme a los ambientes físicos y psicológicos que México
ha vivido en los últimos años, esto con el fin de encontrar la causa y
surgimiento, de las diversas conductas que hacen a la cultura mexicana tan
particular del resto del mundo.
El
capítulo nos va relatando de manera concisa, la forma en que México se
desarrolla cultural y éticamente con su entorno interno y externo. Ya sea desde
una postura ideológica o generacional.
Uno
de los puntos importantes que nos refleja el texto a primera instancia, es la
manera en la que el mexicano se comporta dentro de su país, pues Octavio Paz nos
da a entender, que la población campesina proveniente de las zonas rurales más
lejanas de la urbanización, encarnan aquello que es desconocido y enigmático, ¿por
qué sucede esto? Muy sencillo, como sabemos durante gran parte del siglo XIX y
principios del siglo XX, con la llegada del Porfiriato, las haciendas
productoras de materias pimas se acreditaron de importancia y reconocimiento, esto
debido a que las actividades como la ganadería, agricultura (la producción de
henequén) y la minería eran las que sostenían la economía del país. No fue
hasta el Milagro Mexicano en 1940 que estas actividades económicas se quedaron
abandonadas y en gran parte olvidadas, pues el auge de la industrialización era
acelerado. Muchas personas, que vivían en las grandes haciendas o pueblos que
colindaban con las metrópolis más grandes de nuestro país, empezaron a migrar,
dejando todo por una vida más digna y con “oportunidades”. No obstante, otros
grupos de campesinos se quedaron, viviendo por años en esos lugares, causando
que vivieran en una burbuja donde México es planteado en ocasiones como un
pequeño pueblo de 500 habitantes.
Esto,
no sólo sucede con las zonas rurales, si no con las indígenas, lo que plantea
Octavio Paz al principio de su obra acerca de que existen “andrajos de un
pasado vivo”, es totalmente sustentado en aquellos pueblos mesoamericanos
que sobrevivieron a la conquista y que hasta el día de hoy, su lengua,
costumbres y tradiciones se encuentran más vivas que nunca, a tal grado de no
mantener una participación activa en los acuerdos políticos y sociales que vive
el país, es decir, no reconocen a aquellas autoridades que para nosotros son
legitimas e importantes, ellos viven con sus propias deidades y reglas.
Otro
argumento, que el escritor nos relata en su texto, es la manera en que la mujer
es vista en la sociedad. Paz nos escribe que el género femenino “es la
imagen de la fecundidad, pero así mismo de la muerte”. México, siempre ha
generalizado que aquellos individuos a las que llamamos madres, se encuentran
en un péndulo que nunca se mantiene en un equilibrio permanente, ¿por qué se
plantea esto? Sólo basta con observar la gran herencia cultural que nos han
dejado las leyendas y mitos prehispánicos, en los cuales la mujer, protagoniza
a seres que llevan a otros a su destrucción, como es el caso de la Llorona en
el centro del país o la Xtabay en Yucatán. Otro ejemplo, de la generalización
de este prejuicio, lo podemos observar en la figura de doña Marina o mejor
conocida como la Malinche, la cual, según la historia de nuestro país y las
ideas propuestas por Octavio Paz, ha sido construida con la imagen de la
traición y de aquello que prefiere lo extranjero antes que lo nacional (debido
a su amorío con Hernán Cortés).
De
ahí el surgimiento del término Malinchismo, los cuales se utilizan para
atribuciones ya antes mencionadas. Las aplicaciones de la mujer a la cultura
mexicana también se expanden desde imágenes patrióticas (donde se les coloca
como símbolo de paz y libertad) hasta el surgimiento de distintas palabras como
la que Paz nos recalca en gran parte de este capítulo: “la chingada”, es
decir, una madre que nos representa a todos y todas, la cual no tiene un
surgimiento exacto, pero representa una identidad en nuestra cultura.
Sin
embargo, Octavio Paz también nos describe la manera en que México se relaciona
con el resto del mundo. La mentalidad del mexicano nos hace sentirnos superiores
dentro de nuestra “casa” pero sumisos a fuera de esta, es decir, a pesar de que
nuestro país lleva 198 años de ser una nación independiente y soberana, parece que
simplemente no deseáramos ejercer estos derechos que implicaron tantas guerras
y conflictos. Se adora, idolatra y se trata mejor a un extranjero, que al mismo
nativo. Es como aquel amor imposible que uno sigue añorando, en el mundo México
representa un punto alejado en el auge de la historia universal, algo que el
mismo Paz explica en su obra. A pesar de esto se sigue manteniendo una postura
sumisa y egocéntrica a cualquier persona que llegue de Estados Unidos o Italia
y eso, lo podemos observar no sólo en lo social, si no también en los deportes,
como el futbol. “No es lo mismo amar que ser amado” dijera el gran Pedro
Infante.
Está
obra sin duda es mi favorita, por la manera en que Octavio Paz compara la
conducta del mexicano con sus implicaciones externas e internas. Algo de lo que
me di cuenta con este texto, es que los problemas que México ha vivido por años
son irreversibles, ya que surgieron como parte de una herencia cultural que
está presente en nuestras raíces. Recomiendo leer mucho esta novela, ya que nos
da pinceladas de historia, filosofía e incluso introducciones a las etimologías.
Emiliano
Vidal Tavera 2.-D
gracias por tu forma de rseumir el ensayo, tocas los puntos mas importantes del escrito.
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